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Su triunfo rompió una sequía de 24 años en que un mexicano varón no
subía a lo más alto del podio, después del marchista Raúl González en
Los Ángeles 84.
El taekwondoísta y México tuvieron que esperar
ocho años para que se proclamara campeón olímpico, después de Soraya
Jiménez, en Sydney 2000, pero en levantamiento de pesas.
Fue la undécima medalla dorada en la historia nacional en justas veraniegas, para un total de 54 metales.
Cumplí mi sueño
“Cumplí
mi sueño, dejé el corazón (en el tatami) y el trabajo de mi vida de
muchos años”, expresó el campeón, quien fue interrumpido para atender
la llamada de felicitación del presidente Felipe Calderón, quien es su
coterráneo, antes de abandonar el terreno de competencia y ser
perseguido por los reporteros mexicanos que buscaban sus primeras
impresiones en la zona mixta.
Gotas de sudor resbalaban por su
frente y, con la sonrisa a flor de piel, el michoacano, sin perder la
humildad, respondió a todos.
“Estoy feliz, muy conmovido. Esa
medalla es resultado de un largo trabajo, quiero agradecer a todos en
México, a mi familia, a mi equipo (multidisciplinario) y a las personas
que creyeron en mí”, dijo emocionado, porque vendrán mejores resultados
en la delegación y más medallas en el taekwondo.
Posteriormente,
en conferencia de prensa, el monarca olímpico señaló que llegó a Pekín
con la ilusión de una medalla y una carrera de 20 años y en plena
madurez, luego de ver pasar dos ediciones (Sydney y Atenas) sin poder
clasificarse.
“Lo soñé, lo viví y ojalá todos los mexicanos se
motiven y se den cuenta de que nuestro país es grande”, ya que tomó el
ejemplo de las mujeres deportistas que siempre habían sacado la cara en
los años recientes.
No obstante, recordó que también se levantó
en los momentos críticos al superar lesiones e inclusive sorteó piedras
en el camino por las cosas negativas que envuelven al taekwondo.
“He
luchado paso a paso, superando obstáculos y nunca me he derrotado. Los
mexicanos podemos seguir con esa actitud, porque todo está en tu mente.
“Sabía
que el día 20 iba a ser el mejor de mi vida y así fue”, enfatizó el
taekwondoísta, de 28 años, quien superó la plata de Óscar Salazar, en
Atenas 2004, precisamente cuando éste lo eliminó en el selectivo.
Sin embargo, este año fue para Memo
Pérez, que ahora se cubrió de gloria al dar la primera dorada a su
deporte y la segunda a la delegación mexicana con el bronce de Paola
Espinosa y Tatiana Ortiz en clavados sincronizados.
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